domingo, 9 de junio de 2013
domingo, 19 de mayo de 2013
Landsmoder - artículo de Lauri García Dueñas para el "Periódico de poesía".
Artículo de Lauri García Dueñas sobre "Landsmoder", publicado en el "Periódico de poesía" de México, Nª 58 en abril de 2013.
Elena Salamanca (El Salvador, 1982) es de las voces poéticas más perturbadoras de la contemporaneidad centroamericana.
Luego de sus sugerentes Peces en la boca donde el Facebook y una reescrita Sor Juana, aguijonean dulcemente la yugular del lector, crece en mancha, hacia lo oscuro y lo terrible, como helecho acuático y nocturno en Landsmoder (Editorial Equizzero, 2012), publicación consecuencia de haber obtenido el primer lugar en el 1er Concurso Ipso Facto de dicha editorial.
La primera parte del libro Colegio de señoritas españolas venidas a menos habla-canta-denota lo no dicho por toda una clase social desvencijada, educada (adiestrada emocionalmente) en colegios religiosos donde el patetismo crece en capilla ardiente.
La ausencia del padre, dibujada en transparencia por una voz niña víctima que no pretende victimizarse, se reproduce en la conversación con una tiesa maestra de primaria, dando origen, a mi juicio, al poema más contundente del libro y a uno cuya completud brilla (como un vidrio roto en tierra negra) entre otros muchos poemas rebuscados de su generación y ubicación geográfica.
Luego de sus sugerentes Peces en la boca donde el Facebook y una reescrita Sor Juana, aguijonean dulcemente la yugular del lector, crece en mancha, hacia lo oscuro y lo terrible, como helecho acuático y nocturno en Landsmoder (Editorial Equizzero, 2012), publicación consecuencia de haber obtenido el primer lugar en el 1er Concurso Ipso Facto de dicha editorial.
La primera parte del libro Colegio de señoritas españolas venidas a menos habla-canta-denota lo no dicho por toda una clase social desvencijada, educada (adiestrada emocionalmente) en colegios religiosos donde el patetismo crece en capilla ardiente.
La ausencia del padre, dibujada en transparencia por una voz niña víctima que no pretende victimizarse, se reproduce en la conversación con una tiesa maestra de primaria, dando origen, a mi juicio, al poema más contundente del libro y a uno cuya completud brilla (como un vidrio roto en tierra negra) entre otros muchos poemas rebuscados de su generación y ubicación geográfica.
¿Entonces no voy a volver a ver a mi papá?La señorita no supo qué responder
En la segunda parte: Galería de los héroes, pincha, la desgarradura se abre en el poemaLas niñas se levantan la falda y paren:
Las niñas se levantan la falda y paren.Paren.Paren niños delgados como ellas.Apenas aprenden a caminar, los niños se caen.Apenas hincan el diente en el pan, los dientes se caen.El pan es muy duro,los dientes son débiles,los dientes son de leche, como dicen las abuelas.
Y luego, como si el poema metiera el dedo en la cerilla del trauma social:
Los niños van creciendo.
No son débiles como las madres.Siguen encontrando en el camino a las vacas y los caballos,encuentran los vehículos, rompen los cristales;encuentran las casonas, rompen las rejas.
Y los niños,con sus dientes astillados,con sus dientes malcrecidos,con sus dientes podridos,van mordiendo lo que encuentran en el camino.
Y muerden,sobre todo,la mano que los alimenta.
Los niños muerdeninclusola yugular de esa niñaque es su madre.
Más adelante, en el poema Muchacho, amor perteneciente a El cuerpo de la nación la maldición de la patria terrible, exagerada e histérica, es llevada a sus últimas consecuencias, abre fauces:
Camina,
muchacho,yo soy tu amor,arrástrate con las manos y las rodillas,sángrate las manos,sángrate las rodillas,mancha la tierra.
Yo soy tu patria,muchacho,y te condeno a este único amor.
La patria es en los dedos de esta escritora, todo menos lo cursi, lo restringido de los fetiches folclóricos que en El Salvador aún no se han derrumbado.
Pero la patria, esa cosa indefinible, con la que nos tortura la voz poética, no es sólo la salvadoreña, es cualquier patria que aun teniendo ese nombre mayestático no es país ni mucho menos.
En algunos momentos el lector podrá preguntarse ¿Es tan grande el martirio? ¿No es exagerado lo horrible?
Y sí, lo horrible se repite, crece:
Qué criatura horrible debí ser.Nunca tuve un espejo para constatarme,pero sentí la maldad de las dentelladas de mis hijos/en mis múltiples pezones.
Madre horrible. Hijos que devoran a la madre. Rotos quedan los arquetipos.
El libro de Elena Salamanca me recordó El asco de Horacio Castellanos Moya. Libros donde el ojo de lo simbólico se abre para poner el dedo sobre la llaga nacional y recordarnos nuestro patetismo autoinfringido.
Cierto halo de tragedia grandilocuente también me trajo a la mente a César Vallejo.
Pero Elena es muy Elena. Ella, la autonombrada “Reina de la Independencia”, escritora, historiadora, artista visual, performer, promotora cultural que organiza una feria de arte llamada FEA, brilla (como vidrio roto en tierra negra) con sus dos libros de poemas y los que vienen.
Anómala, escritura de lo anormal (de ese tipo particular de anormalidad que pare belleza), atípica escritora centroamericana. Hay que leerla, como un mantra.
*La portada del libro es de Albertine Sthal
Fuente:http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2720
Fuente:http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2720
martes, 26 de marzo de 2013
Lirios en los viejos poemas, Mario Noel Rodríguez, Editorial EquiZZero, 2013.
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Cuando un hombre decide recordar a una mujer, la
imagen se vuelve espejismo, cuando un hombre decide cantarle a una mujer, la
palabra se vuelve poesía; es decir, eterna. Así Mario Noel Rodríguez nos regala
sus Lirios
en los viejos poemas, una serie de 56 cantos escritos desde lo más profundo
del alma, cantos que dejan su huella imborrable en el papel que los encierra y
al mismo tiempo los libera, cantos con los que uno se siente identificado más
allá de toda circunstancia. Si hay algo que defina la poesía de Mario, eso es
la sencillez con que la palabra toma vida y, como pieza de rompecabezas, ocupa
el lugar exacto, preciso:
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Yo ya te soñaba desde antes de soñar en serio...
Omar A. Chávez
Selección poética
Chayo
Mejía saca la mano para ver si llueve
Gracias por la sencillez y los ojos,
por la mirada que cambió el cauce de la vida.
Beso tu rostro helado en la distancia,
pero tus ojos, faros lunáticos que no cesan.
Gracias por tu mano en mi pecho desarmado,
por el plato rebalsado de pétalos y cuentos.
Yo saqué de vos la manera miope de entender las cosas,
abuela amada,
por encima de mares y rabietas.
Rubidia,
la ciega
En silencio te explico el color de las cosas idas,
cosas que si vuelven, volverán descoloridas.
Te cuento de la hamaca en el cielo,
para que despacio pronuncies sus siete tendones.
Así es la luna de los amantes,
las amorosas mejillas rosadas,
el verde genésico de los aguacates.
Rubidia, hermana de la alegría,
con un estilete partiré la noche para traerte la luz.
Amada
Libertad, mártir
Ametrallaba el odio con la máquina de escribir
canarios,
ella, la poeta de ojos abiertos para no perder el
horizonte,
ella, que anduvo su corazón envuelto en un paño azul.
Ahora su voz ronda como buscando algo,
quizás el verso sobre la fatiga de conquistar la
primavera,
quizás
el pálido beso que jamás llegó al frente de guerra.
María
Félix duerme con fondo de violines
Nada más una bocanada del puro, chiquita,
nada más un chupete para ver desplomarse la tarde.
Yo ya te soñaba desde antes de soñar en serio,
nada más levantabas una ceja y yo moría, moría.
Mirabas hechizando a los actores,
pero era a mí a quien mirabas.
Que otros hablen de la Monroe y la gula de galanes,
que ansíen el último trago derramado de la Hayworth;
que unos entre vino y vino aclamen a la Bardot,
que otros a la Bisset mojen de versos íntimos.
Yo nada más suplico una bocanada,
tu aliento de diosa embriagado, chiquita.
Benazir,
Benazir
Hay dolores que regresan con baba y pelos,
alzan su espada y vociferan lenguas turbias, regresan.
Aparecen cuando sopla un viento dañado del norte,
cuando una puerta esparce historias del desamor,
cuando el cáncer llega a desordenar la casa,
cuando la tinta nada más sirve para el olvido.
Del dolor que quiero hablar, jamás se marchó.
Febe,
compañera mártir
Cantaré hondo agarrada de las piedras.
Cantos viejos sobre la piel borrada de repente,
gemidos que suban hasta romper el cielo,
la historia de los míos, tiernamente míos.
Aquí el amor se desgranó en suave aliento
y en el pecho la primavera agitó sus banderas.
Aquí los besos se repartían a ojos cerrados,
el forastero volvía por los suyos, por los suyos.
La risa de ayer hoy es polvo,
el abrazo de ayer es viento,
la luna de ayer es nube,
la sombra de árbol es calcinante abandono.
Hoy se agolpan las lágrimas contra el humo de las
casas
y nadie trae la ternura para sanar la herida,
para desviar la noche que trajo desconsuelo,
la espada sobre el corazón de los inocentes.
Pero juro no ceder un espacio al desaliento,
juro nacer con los míos entre las ruinas,
juntar los corazones para pintarlos de alba.
Juro cantar agarrada de las piedras.
Lucía,
la gitana perdida en Medellín
Leer una mano es leer una sombra.
Entrar a una sombra es entrar a un abismo.
Enfrentar un abismo es enfrentar un espejo.
Palpar un espejo es palpar tu mano.
Mario Noel Rodríguez

Poeta, escritor, periodista cultural, publicista, gestor cultural salvadoreño. Nace a la vida literaria conformando el grupo literario “El papo, cosa poética”.
Ha incursionado en el performance poético. En 2008
montó un homenaje multimedia a Frida Kahlo con la artista visual Alexia
Miranda. Encargado de Cine Club, en Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes.
Presidente del Foro de Escritores de El Salvador. Fundador de grupo literario
“Tareya”, de la Casa de Juan Caminos, así como de la Cofradía de San Simón.
Editó el CD: “Jorge Galán, en otras voces”.
Publicaciones: Breve breve que la
vida es breve, Ruiseñoras del Edén, Agítese antes de leer, La costilla, Por
aquí pasaba un río, Hambre de vivir, Epitalamio, Este andar sobre las aguas,
Foto movida, Sonectud, Epitalamio, Estado Vallejo, Irakundia, Rumor del rocío,
Brasil poemas para cantar un país y un CD conteniendo su libro “Yo quiero ser
frijol mágico” (leído por niños).
jueves, 27 de diciembre de 2012
"La noche sobre el rostro", Ana Chig, Mexico. Editorial EquiZZero, 2013.
Ana Chig, es la poeta mexicana, cuya voz llena de ternura y sensualidad, abre las puertas de la poesía mas allá de las fronteras salvadoreñas, y se convierte así en la primera escritora de carácter internacional en ser publicada por Editorial EquiZZero.
"La noche sobre el rostro desarrolla el tema del amor
erótico, en el que la noche es más un cómplice que el escenario de los
encuentros. En los poemas que dan vida a este libro, la voz que los crea es
consciente de su aliento febril e impone una plasticidad dinámica en cada uno
de ellos, donde el paisaje exterior es una correspondencia fiel del paisaje
interior.
En sus poemas Ana Chig logra integrar a la pasión
amorosa notas de nostalgia, que dan como resultado una mirada a la distancia
justa, desde la que se ensaya cada uno de los efectos miríficos del encuentro
amoroso. La noche sobre el rostro logra un equilibrio de fuerza y gracia, donde
los cuerpos son paisajes y los sonidos de la noche cuentan historias que se
incendian en nuestra lectura."
Mijail
Lamas Alfaro
Poeta, traductor y crítico mexicano.
Selección poética
Lo nombrado
Eso que nombramos a la orilla de los ríos…
quizá muerte desleída extendiéndose en el sexo.
Noche que se vuelve tibia en nuestros cuerpos,
niebla avanzando rieles indefinidos.
Como todo lo vago en la palabra, en el recodo íntimo
del vientre que olvida concepciones, del falo deslizado
entre las sombras inquietantes de los cuerpos.
Lo nombrado, lo intacto en el silencio de la roca,
caudal de islas nacidas bajo la lluvia del invierno.
Quizá es tu mano o esas redes rebosantes del esperma,
las nubes que construyes cuando tu boca acaricia
mis labios
son dioses abandonados que resultan al
amarnos.
Tropical
Te amo. Inmóvil acaricio la placidez de tu frente,
penetro más allá del cálido abrazo sujeto a la nostalgia,
más allá de la promesa —pacto obligado que sosiega el dolor—.
Sucede que te amo cuando la roca se derrama en los abismos
y un calor del trópico detiene su marcha en la habitación.
Nocturno
Posé mis manos sobre la noche dilatada.
Un húmedo rumor deshabitaba el cielo y sus estrellas.
Fue el tiempo, ociosidad de un deseo esculpiendo los instantes.
Vientre, sombra, bahía, fluente
de lluvia oscura.
Parpadeo, relámpago furioso del acto consumado.
Quedó el cuerpo desnudo en la quietud de los latidos,
río estremecido en el sueño de un
invierno agonizante.
La noche sobre el rostro
La noche temprana se allega sobre
tu vientre.
Su desnudez invade y transforma los contornos.
Soy tierra cercada por el agua, península inaudible
suspendida entre los muslos.
Enlazas la palabra al numen solitario, me desplaz.
Voy a tu cuerpo sumergido como la
noche siguiendo al alba.
Se adentran mis dedos entre la espiga, me abrigas exaltada.
Tus caderas acogen la soledad estéril, te sostengo con mis manos.
Te quedas desnuda como astro luminoso alzándose en mi boca,
un halo ebrio del aliento te suspende,
te aquietas en el brocal.
Mi lengua es un ancla que agita la marea, una ola en quietud
de su viaje hacia la arena, noche hundida mojada sobre el rostro.
Abandonas tu vida sobre mi cuerpo, renazco sobre tus senos.
Más, te abres y el deseo como humo ascendiendo entre los campos.
Abandono mi vida sobre tu cuerpo, renazco ahora entre tus labios.
Creencia
Tu vientre es un parque de incendios protegidos,
adentrado umbral donde las rutas germinan claridades,
la semilla desnuda cayendo a tierra entre la lluvia.
Tú eres el milagro de un lenguaje edénico, del frío incierto
sostenido entre latidos, la
primordial morada de la noche.
Eres el proverbio estéril precipitándose al vacío de los sordos.
Tu piel es camino de palabras inusuales, una escala continua,
el lomo de una nube aglomerada entre mis manos.
Habitamos cuerpo,
muros caídos como sombras,
recuerdos como una plaza entre los días.
Habitamos la tarde
como nubes imponiéndose al ocaso,
como sueño descendiendo entre los cuerpos.
Habitamos palabras,
la lectura comentada de los cuerpos,
palpo, entalladura, insomnio combatiendo entre los hechos
Fuera del tiempo, te asomas al vacío
como sombra trasgrediendo los portales,
resuelta en el estrado íntimo de
voces habitando los destellos.
Ana
Lilia Chig
Los Mochis, Sinaloa, México, 14 de agosto de 1974 . Comienza su actividad literaria en la ciudad de
Tijuana, lugar donde reside desde hace más de catorce años colaborando en
diversas revistas electrónicas.
Ha dedicado parte
de su vida a la promoción cultural, colaborando con organizaciones en la
promoción y difusión de actividades. Es fundadora de la Revista MEnsual de
Poesia Frontera Esquina y de Nodulo ediciones.
martes, 18 de diciembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
"Sin coro", Sara Abigail Reyes, Ipso facto 2012.
Miriam
Hernández es el seudónimo con el que la salvadoreña
Sara Abigail Reyes obtuvo el primer lugar del Segundo Certamen de Poesía “Ipso
facto 2012” por su obra “Sin coro”.
No es
Sara la típica poeta que encuentra en el leguaje “rebuscado” (como muchos de sus coetáneos)
la acción totalizadora del poema, he allí la clave para entender que la poesía reside en la sencillez de la palabra,
y no al revés. Ésta es la fórmula que nuestra escritora utiliza para rendirle
homenaje a lo humano, a lo cotidiano; la fórmula que supera todo artilugio, de
quienes piensan que la forma es más
importante que el contenido, sin
dejar atrás la acción renovadora. He aquí “Sin coro”, he aquí algunos poemas de Sara
Abigail Reyes.
Selección
poética
***
Mi ángulo perverso tiene pelaje blanco,
tiene sueño, tiene hambre, tiene amor.
Ronronea, persigue mariposas,
muerde flores,
le desarma las macetas a mamá.
Mi ángulo perverso deja huellas de lodo en la
alfombras
se apereza y despereza;
te mira, camina y coquetea…
Mi ángulo opuesto mastica ingenuamente semillas de
maní.
***
Esa canción que no emite sonido,
que no se canta,
que no se busca,
que no se espera,
porque ni usted ni usted
la construyeron,
no la buscaron,
no la quisieron.
Soy yo
sin título,
sin versos,
sin palabras,
sin coro,
sobre todo –sin coro-.
***
Ahora que es tarde y el sol alumbra bajito
quisiera, como antes, sentarme a la mesa con usted.
Quisiera que me sirviera tomatada, tortilla y queso,
mirarla comer con los dedos,
comer juntas porque en ese momento
el universo nos encierra a las dos.
Ahora que es tarde y el sol alumbra bajito,
que soy niña y tengo cinco años,
usted me mima con calor ancestral
y hay dos jarros en la hornilla,
una candela en el centro de la mesa,
una plática, una risa...
Hoy que es tarde y el sol alumbra bajito
y ya no soy tan niña,
y un foco encendido interrumpe la ternura
no quisiera tener razones para enfrentarnos.
V
Nohemí Ticas,
Claudia Reyes
y yo
seguimos
dividiéndonos los territorios celestes
a las 6:00 pm,
tendidas sobre la grama de una loma,
en 1993.
***
Yo tenía derecho a ser ingenuamente feliz,
a desbordarme en los labios de alguien que muriera
por mí,
a jugar que en la casita todo iba bien.
Yo tenía derecho a decir
que sí,
te amo,
te quiero,
a penas te quiero,
siento pena,
te odio,
tal vez,
no,
no,
no,
definitivamente no.
Yo tenía derecho a decir
que no.
***
Lo que nos ocupa esta noche es silencio
inminente, pertinaz.
Tan grande es el silencio que hace ruiditos
para que vos o yo
le salvemos la angustia.
Lo que nos ocupa esta noche es distancia,
contundente distancia y nada más.
Sara Abigail
Reyes
Nace
el 1 de diciembre de 1984. Diseñadora gráfica, trabaja como consultora en
instituciones no gubernamentales.
Ha
publicado en la revista “La Sihuehuet” y en la revista digital “Ahí va el Agua”,
su trabajo fue considerado en la antología “Quizás tu nombre falte” realizado
por Vladimir Amaya. Escribe en el blog conloscolochoshechos.blogspot.com. Ha
participado en los proyectos Alegría Relacional, Esto no es una De-generación y
Vitamina D.
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