sábado, 15 de agosto de 2026

Malagua, Editorial EquiZZero, 2da Edición, 2026.

 



Malagua, del mexicano Ismael Romero, constituye un universo donde el mar no solo es paisaje, sino también  destino, memoria. El poeta construye su mitología a partir de un rompecabezas: la infancia como legado de un pasado rodeado por el agua, el mismo autor nos revela esta verdad en la primera edición de su libro (Lector disléxico, 2024): «vivir en una isla lo es casi todo, mas no un paraíso». Porque quien se encuentra con Malagua, se encuentra ante todo con un libro de memoria. Aquí, la voz poética reconstruye a una comunidad marcada por la pobreza, la infancia, la muerte, el deseo, la superstición, pero sobre todo el mar, ese mar que es capaz de devorarlo todo.

 

El territorio del golfo no aparece como escenario exótico, sino como un espacio que determina la manera de vivir y recordar; la realidad nunca está completamente separada de la leyenda: los fantasmas caminan por las mismas orillas que los vivos y una muchacha como Malagua puede convertirse, simultáneamente, en mujer, recuerdo y mito. Esta convivencia entre lo real y lo mágico es uno de los mecanismos a través del cual el poeta transforma la experiencia individual en memoria colectiva. El resultado es una poesía íntima, sensorial, atravesada por una pregunta: ¿qué queda cuando el tiempo, como el agua, comienza a llevárselo todo? La respuesta de Malagua es clara: queda la memoria, y mientras exista una voz capaz de nombrarla, también queda el poema.

 

Omar A. Chávez
Co-editor de Editorial EquiZZero

 

Selección poética

 

  

Tierra a la vista

                                                                        

Hay quien no sabe que hacer

cuando el viento hincha las velas a estribor

 

hay quien marca con cruces

o huesos de aves

los manantiales del cuerpo y sus abismos

 

hay quien busca dejar sus huellas

en las negras arenas del sur

y solo dejan polvo de estrellas 

de mar y un breve crujir a cada paso

 

y están aquellos que recogen sus anclas oxidadas

las guardan en la boca

y con la algarabía de cualquier ola

naufragan

sobre la primera oportunidad

 

Mucho antes de que alguien grite

¡Tierra a la vista!

  

 

 

En su nombre

  

Ellos brindan por la que ya no está

aquella que les apretó el cuello y la entrepierna

la que unto sudor y sexo a los labios

la que cubría sus pechos con olas del rio

y salía limpia de pecado

 

Brindan por la que ardía al bailar una cumbia

la que vivió a destiempo las horas de infancia

la que salía desnuda a vestirse de luciérnagas

la que recordaban al masturbarse a dos manos

y que palpaban como guanábana fresca en la lengua

después de tanta agua salada

 

Lloran y brindan ellos

por la mujer que gemía y cantaba

detrás de las palmeras

la que decidió no salir del mar

en la orilla de sus dieciséis

 

Todas las mañanas     en su nombre

la isla jadea                  

 

  

 

Malagua

 

La nombraron Malagua


con menos de quince años cruzó el río

de la mano de payasos equilibristas

y un par de animales

que no se conocían por estas riberas

 

El mes en que llegó la inundación

el circo desató su carpa

elevó las anclas

                 y zarpó

 

A la deriva

quedaron unas aves

de patas grandes y torpes

y Malagua

con sus cabellos y muslos color de palmera seca

 

Cambió la disciplina del equilibrio

para huellas de danzón

y vasos con cerveza

 

Dócil de piel

casi transparente

encendíase con la luna

 

Dicen que en cada caricia

te anclaba su tristeza

que el mundo se tornaba agua amarga

al tocar su piel

que el ardor volvía por los labios

si la nombrabas

 

Dicen que por las madrugadas

salía a iluminar el camino de la floración

 

que las olas se movían dentro de su cuerpo

y en sus labios había tanta sal

como en un trago de mar

 

Dicen que no llegó a los veinte

 

un eclipse de luna

hizo arena de su nombre

cuando velaba el nacimiento

de una aurora

 

Dicen que Malagua vive

río arriba

junto al platanar

y qué aún arrulla sus aves

de patas grandes y torpes

con boleros de Toña la Negra

 

Dicen que la tristeza de estos hombres

es solo cuento

que nunca llegó un circo a la isla

y no hubo tal adolescente de piel blanca

que les acariciara la entrepierna

 

que todo esto es por tanta sal acumulada

en el cuerpo

y hoy les estalla como marea de tormenta

en el acantilado de los ojos

 


 

Y andan

 

A los doce ya son mujeres

a los treinta casi ancianas a las que tal vez

más dos maridos e hijos

olvidaron

 

La vida entre el agua y el pastoso bochorno

entre cervezas calientes y amargas

como el sudor de un cuerpo encurtido en sol

 

El escuchar boleros más viejos

que el primer anciano de la isla

el bailar al compás de la lenta marea lunar

y un rayado disco de danzón

agarradas a una cintura imposible de abarcar

Calor

           sudor   algo pegado a los cuerpos

quizás   la mala estrella de haber nacido aquí 

                      quizás

 

La memoria oxidada no reconoce

a la vida hecha sobre una cama de cartones de cervezas

y tristezas sexuales

 

Separadas del amor y la moral

solo por una cortina sucia como el tiempo

que escurre con el sudor

y el semen por sus piernas

La luna ha brillado siempre a tanta distancia de sus ojos

que el peso de las noches es un costal de sal

sobre sus corazones

 

Se levantan     lavan el sexo    bajan la falda

 y andan 

 

 

  

Primer barco

 

a mi madre

 

Mi primer barco fue

una carta por ambos lados mal escrita

 

En la popa contaba a mi padre

que ya sabía bucear

tenía un par de aletas de ranas color turquesa

y estar bajo agua

es como nadar en el vientre de mi madre

que sentía sus palabras frágiles

envueltas en la espuma que se hace nada

al atravesar la resaca

 

En la proa

escribía a mi madre

daba gracias por los nueve meses

pegado a su corazón

por elegir las orillas del mar para vivir

 

por su coraje y sus ojos inundados

en temporada de lluvias

por los ríos de nubes con sus andantes faunas

y el café negro de todos los días

 

Daba gracias por mis hermanos

y su paciencia 

también por lo dulce de sus manos

si nuestros ojos se desbordaban en sal

 

por mostrarnos que el abracadabra

está en la lengua

            aun cuando se vive con el agua al cuello

 

Aprendí

de sus labios mi nombre

 

 

  

Bailé

 

Poco antes de esto     volví a la isla

y frente a mi madre con un par de cafés

reconocimos rostros que el abandono y la humedad

raspaban para volverlos olvido

 

el eco del nombre de mi padre

                                       se repetía

de vez en vez

como el dialogo entre las lechuzas 

los hechizos y nuestros viejos miedos

 

hablamos de las lagunas qué se secaron

de los remos y los cayucos

como animales varados en el tiempo

muriendo bajo el sol

                                      en silencio

 

hablamos de cómo las corrientes de los aguaceros

se llevaron los destinos y las cruces del panteón 

de cómo a machete limpio desbrozamos

las fronteras de la primavera

y del tanto camino hecho a pesar de la tristeza

 

de cuando los ladridos de los perros

 y las luciérnagas pertenecían a todos

de cuando los manatíes o las sirenas

llegaban por las orillas de la noche

a cantar mientras las mujeres dormían

y los hombres eyaculaban sobre las caracolas

 

de cuando el circo de los húngaros

cruzo el rio para hacer malabares

sobre las ramas de los árboles y parecían   

por sus ojos azules

ángeles cayendo sobre la isla

 

Al final del café pusimos el silencio en la mesa

lo repartimos a partes iguales

y como hace el mar durante la marea baja

ella guardo sus estrellas

y fue a dormir

 

Más tarde con ojos cerrados

metí las manos al espejo

recogí los escombros de mi infancia

y en medio de ese desastre

bailé

 

 

Ismael Romero

 

Veracruz, México. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Su trabajo ha sido publicado en antologías como Al Sur de la Palabra X (Chiapas), Biombo de Movimiento de poesía mexicana (Ciudad de México), Cola de tigre (Guadalajara), así como en revistas de distintas latitudes. Ha participado en mesas de diálogos literarios dentro del marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara; cada año, junto a otros escritores latinoamericanos, lleva a cabo el proyecto cultural Making off, en el cual presentan y dan voz a escritores extranjeros durante la FIL. 

En 2024 publicó su primer libro Malagua, bajo el sello editorial Lector disléxico.

 

domingo, 31 de agosto de 2025

Los instrumentos del diablo, Editorial EquiZZero, 2025.

 


Los instrumentos del diablo, del escritor salvadoreño Josué Andrés Moz, resultó ser el libro ganador del XIV Certamen Literario Ipso Facto 2024, quizás, a nuestro juicio, su libro más personal, a través de él desfilan diferentes personajes, sin embargo, dentro de esa microurbe sobresale uno: el propio autor; el poema La herencia, es un ejemplo palpable:


Meses después, mi madre necesita atención médica,

han vendido el automóvil, se han deshecho de su perro,

he llegado a sus vidas y tengo problemas respiratorios.

 

Cada sentimiento que pueda ser experimentado por un ser humano está presente en este libro: dolor, angustia, amor, ira, etc., ya sea que compartamos afinidad o no por el autor, hay algo que es innegable: ningún texto nos resultará indiferente. El lector que se atreva a explorar sus páginas encontrará dentro de ellas esa parte que nos arrebataron, porque nada está completo si no duele o no lastima, nada otorga más emoción y al mismo tiempo mayor aprensión, que aquello cuyo secreto develamos. Los instrumentos del diablo no solo es un canto a esa infancia, a una época; alegoría infinita que, como un film, gira y se proyecta en nuestra memoria, porque, a fin de cuentas, ¿qué es el hombre sino producto de su pasado?

 

Han pasado los años.

No puedo decir con certeza,

que haya entendido todas las moralejas.

 

A la distancia

todo lo que veo en palabras es fácilmente una ficción.

 

Hoy, damos la bienvenida a Josué Andrés Moz al podio de ganadores, ese pequeño y humilde espacio reservado a quienes entienden que la poesía, más allá de alimentarnos espiritualmente, transgrede.

 

 

Omar A. Chávez

Co-editor de Editorial EquiZZero

 

 

 

Selección poética

 

 

La herencia

 

 

Fábula conversacional en 7 partes

 

(I)

Fuera de casa

 

 

A mí, la guerra me llegó por lágrimas de mi padre,

a él, la guerra se la declaró el suyo antes de llegar a la adolescencia.

 

Yo he visto cómo llora cada uno de sus muertos

y escuchado cómo desesperadamente                     

busca esconder con sus gritos los muertos de los demás.

 

Ahora que envejece y que el cuerpo le falla,

mi padre ha encontrado el perdón que le negaron.

 

Yo escribo esto

para perdonarlo en su perdón.

 

 

 

(V)

Debajo de la alfombra

 

 

No he muerto,

pero he acabado con los ahorros familiares.

El hambre es una sonrisa en el plato vacío de mi madre,

abro la boca y mastico sus dientes,

abro la boca y mastico su carne;

no me bastó la herida que hice a través de su cuerpo.

 

No he muerto,

pero ha muerto el hermano de mi padre y

es como si en casa muriéramos todos.

 

Muy oscura la sonrisa de papá,

muy opaca la sonrisa del señor,

muy gris la sonrisa de aquel desconocido.

 

La memoria entre mis manos es la sombra de una sombra

y no veo manos juntas y ciego estoy ante los besos.

 

Nunca hemos tenido alfombra en ninguna de las casas,

pero es como si la ternura se escondiera por debajo de la tierra.

 

Nos han mentido a todos

la nieve también cae sobre este charco.

 

 

 

(VII)

El tejado

 

 

Han pasado los años.

No puedo decir con certeza,

que haya entendido todas las moralejas.

 

A la distancia

todo lo que veo en palabras es fácilmente una ficción.

 

Una vez sobre el tejado alguien dice

que solo el amor es capaz de detener el salto.

 

 

 

La soledad

 

 

Balada a manera de confesión

 

 

Alguien acaricia mi corazón

de la misma forma en que se besa una llaga repleta de lágrimas.

 

He nacido tan lejos de esta estructura de calcio que me sostiene,

de este tránsito en que otros ojos me traducen

                   como una paradoja de máscaras y cicatrices.

 

Ella asegura,

que el más cercano de mis dolores

                     reside a kilómetros de este tiempo.

 

Yo quiero ver lo que ella ha podido ver.

Entonces, acerco mi edad por el borde de su pupila

como quien asoma su inocencia por un escaparate

detrás del que hay algo imposible de alcanzar.

 

Al fondo

y devolviendo una mirada de pétalo marchito,

ese niño moldea una sonrisa

 

y acomoda a la soledad,

tranquilamente sobre su cabeza,

como a una corona          de espinas dorsales.

 

 

La ironía

 

 

13 astillas apócrifas a manera de trampas

 

VI

 

 

No se juzga la belleza del vaso;

amado es el vacío y la lentitud de la espera

 

amado el ojo que observa la grieta

y con su lágrima rellena la grava.

 

 

 

VIII

 

 

Escrito está mi nombre a través de tus ojos

detrás del cristal

como si el dolor que debías llevarte

decidieras dejarlo entre mis manos.

 

 

 

XII

 

 

El colmillo de la luna atraviesa el tejado

y rompe la terrible comarca

en que tus sábanas hicieron casa.

 

Toda esta

es la única luz que me pertenece.



 Josué Andrés Moz

 

San Salvador, El Salvador, 1994. Poeta, guionista, narrador, corrector de estilo y gestor cultural. Ha publicado: Carcoma (2017), Pesebre (2018), Babel (2020), El libro del Carnero (2021/2024), Revólver (2023/2025), Crac[K] (2023). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, árabe y francés.

 En los últimos años ha participado en congresos, ferias del libro y festivales de literatura, entre algunos de ellos: Festival Internacional de Poesía de Aguacatán (Guatemala, 2018), Primer Encuentro Centroamericano de Escritores «Edilberto Cardona Bulnes» (Honduras, 2018), Primer Congreso Centroamericano de Literatura (USAC, 2019), trigésima edición del Festival Internacional de Poesía de Medellín (2020), ANTIFIL (2021), 15vo Festival Mundial de Poesía de Venezuela, FilXela (2022-2023), Feria Internacional del Libro de Honduras (2023). Actual coeditor de la Revista Ars poética 1970.

domingo, 10 de agosto de 2025

Radiografía de la nostalgia, Editorial EquiZZero, 2025.

 


Radiografía de la nostalgia, libro con el cual el escritor salvadoreño Josué Enmanuel Ramos, consiguió Mención de Honor del XIV Certamen Literario Ipso Facto 2024, promovido por Editorial EquiZZero.

 

Nada es más perenne que aquello que se extraña, nada nos llena de mayor ilusión que aquello que no se tiene, así Radiografía de la nostalgia, es sin duda un parteaguas de un momento enmarcado en el tiempo, un fotograma cuyo objetivo es mirar hacia dentro, a lo desconocido, ese sitio donde el amor y la tristeza habitan como seres independientes pero al mismo tiempo confluyen y se entrelazan como los enamorados y, como éstos, en  ocasiones la separación es inevitable:

 

Pero un día hubo un instante de felicidad,

un cielo tibio

nos abrigó en la época del hielo.

Tuvimos una aureola dorada,

pero la perdimos para siempre.

Se desmoronó

y nuestros pequeños cuerpos quedaron soterrados.

 

De este libro, el jurado dijo al respecto:

 

» […] nos transmite la melancolía del amor perdido, invitándonos a reflexionar sobre los errores cometidos y las circunstancias que nos llevaron a ellos. Este poemario parece haber sido escrito por un autor en busca de afirmar su voz, pero que, sin embargo, ya ha recorrido un camino significativo hacia su propio estilo«.

 

Hoy, después de quince años de haber iniciado nuestra labor editorial, nos complace presentar un libro escrito desde lo íntimo, un libro para la reflexión y a la vez para recordarnos que muchas veces, incluso en las despedidas, la poesía prevalece.

 

 

Omar A. Chávez

Co-editor de Editorial EquiZZero

 

 

 

Selección Poética

 

 

El oficio de pescar

 

 

En aquel tiempo

nos bastaba desenterrar lombrices del fango

con la pretensión de pescar el amor:

pez en el río de los días

que se nos había escabullido del pecho

 

Así embalsamábamos el cadáver

de la costumbre

y aplazábamos el tiempo de nuestros destinos

 

Ay de nosotros

postrados en la ribera del río

con las manos vacías

la esperanza disecada

y sin que el pez picara el anzuelo

 

Hasta que se te angustiaron los huesos

y desesperada

te arrojaste como la más bella carnada

 

En aquel tiempo

vi tu cuerpo sumergirse

en las oscuras profundidades

como si fueses una difusa sirena

 “Quise salvarte”

pero la caña de pescar se rompió

y lo único que extraje del río

fue la mitad de una lombriz

 

 

 

 

Qué triste es el recuerdo

 

 

Es de madrugada.

Tu cuerpo se confunde con el frío.

Afuera

la niebla muestra su desnudez de humo

y los pájaros duermen arropados por su sombra.

 

Entonces despierta,

encendamos una última tristeza.

Acabemos con el murmullo de la oscuridad

y reconstruyamos los antiguos paisajes 

que guardamos en el armario

como la inocencia.

 

Es triste el recuerdo,

tan triste como la humedad de tu rostro en invierno,

cuando tus ojos

se vuelven dos lunas menguantes

que no dejan de sangrar.

 

Qué lejana quedó la infancia.

La sonrisa

y la ingenuidad del otoño

fueron carcomidas por las polillas.

Sólo nos quedó el polvo sepia del recuerdo.

Pero un día hubo un instante de felicidad,

un cielo tibio

nos abrigó en la época del hielo.

Tuvimos una aureola dorada,

pero la perdimos para siempre.

Se desmoronó

y nuestros pequeños cuerpos quedaron soterrados.

 

Qué triste es el recuerdo,

y a la vez, qué cruel.

Por eso despierta

y encendamos una última tristeza,

que sea por los tiempos de antaño,

por lo que fue y ya no es,

porque fuimos ingenuos,

 

sin embargo, cuando el alba

tañó las cuerdas de la luz

nos volvimos despiadados.

 

 

 

Alguna vez

 

 

Alguna vez fuiste amada.

 

Alguna vez

alguien tocó violines

para encender luciérnagas

en tu pecho

y endulzó la amargura de tus tardes

con tacto azucarado.

 

Alguna vez

con rabia y furia mordiste el reloj,

cuando el tic tac

era el tambor

del encuentro ansiado.

 

Alguna vez

alguien recostó sobre la hierba

tus tristezas

mientras en tu cuello

plantaba besos y azucenas.

 

Y te hizo creer en la eternidad

insuflada por el amor.

 

De pronto vinieron los sismos,

las tempestades cotidianas,

la calcinación perpetua de las promesas.

 

Y te dejó el corazón

pendiendo del abismo,

hecho cenizas, olvido…

 

 

 

Ajenos

 

 

Y después,

cuando el dolor no duela

como hoy,

el tiempo habrá levantado

un impenetrable muro de sombra

entre tú y yo,

entre tu corazón y mi corazón.

 

Para entonces

nuestras lenguas estarán limpias

de la amargura del desamor,

y de nuestras gargantas

estará deshecho el nudo de hecatombes.

 

Tú serás otra.

Yo seré otro.

 

En algún sitio nos encontraremos.

Cruzaremos miradas

y nos saludaremos

con cierto gesto de cordialidad,

pero ya completamente ajenos.

 

 

 

Fotografía

 

 

Tu rostro

sin ningún rasguño de la edad,

tus ojos

como perdiéndose en la lejanía

o como dos soles de un planeta extraño

que nunca han de apagarse,

tu boca

como un arroyo de carne roja

donde el mundo sacia la sed y el hambre,

tus mejillas

sin huellas de lágrimas

sin cicatrices de la tempestad,

tu nariz

ignorando el delgado aroma de la muerte,

 

tu retrato

sin ninguna herida del tiempo.

 


 

Josué Enmanuel Ramos

 


Cacaopera, Morazán, 2000. Poeta, egresado de licenciatura en Letras en la Universidad de El Salvador (UES-FMO). Cofundador del proyecto editorial S&R Editores. Es miembro del taller literario Zarza, de la misma Universidad. Ha publicado poemas en las páginas “Dialogando con el Gato” y en “Cabezarrota” (El Salvador); en las revistas literarias “Primera página” (México) y “El Pez Soluble” (Costa Rica).

Publicó un libro de poesía en 2024 “Mañana serás olvido” (S&R Editores). Ganó mención de honor en el certamen XIV de poesía centroamericano Ipso Facto, 2025.