Malagua, del mexicano Ismael Romero, constituye un universo donde el mar no solo es paisaje, sino también destino, memoria. El poeta construye su mitología a partir de un rompecabezas: la infancia como legado de un pasado rodeado por el agua, el mismo autor nos revela esta verdad en la primera edición de su libro (Lector disléxico, 2024): «vivir en una isla lo es casi todo, mas no un paraíso». Porque quien se encuentra con Malagua, se encuentra ante todo con un libro de memoria. Aquí, la voz poética reconstruye a una comunidad marcada por la pobreza, la infancia, la muerte, el deseo, la superstición, pero sobre todo el mar, ese mar que es capaz de devorarlo todo.
El territorio del golfo no aparece como escenario exótico, sino como un espacio que determina la manera de vivir y recordar; la realidad nunca está completamente separada de la leyenda: los fantasmas caminan por las mismas orillas que los vivos y una muchacha como Malagua puede convertirse, simultáneamente, en mujer, recuerdo y mito. Esta convivencia entre lo real y lo mágico es uno de los mecanismos a través del cual el poeta transforma la experiencia individual en memoria colectiva. El resultado es una poesía íntima, sensorial, atravesada por una pregunta: ¿qué queda cuando el tiempo, como el agua, comienza a llevárselo todo? La respuesta de Malagua es clara: queda la memoria, y mientras exista una voz capaz de nombrarla, también queda el poema.
Selección poética
Tierra a la vista
Hay quien no sabe que hacer
cuando el viento hincha las velas a estribor
hay quien marca con cruces
o huesos de aves
los manantiales del cuerpo y sus abismos
hay quien busca dejar sus huellas
en las negras arenas del sur
y solo dejan polvo de estrellas
de mar y un breve crujir a cada paso
y están aquellos que recogen sus anclas oxidadas
las guardan en la boca
y con la algarabía de cualquier ola
naufragan
sobre la primera oportunidad
Mucho antes de que alguien grite
¡Tierra a la vista!
En su nombre
Ellos brindan por la que ya no está
aquella que les apretó el cuello y la entrepierna
la que unto sudor y sexo a los labios
la que cubría sus pechos con olas del rio
y salía limpia de pecado
Brindan por la que ardía al bailar una cumbia
la que vivió a destiempo las horas de infancia
la que salía desnuda a vestirse de luciérnagas
la que recordaban al masturbarse a dos manos
y que palpaban como guanábana fresca en la lengua
después de tanta agua salada
Lloran y brindan ellos
por la mujer que gemía y cantaba
detrás de las palmeras
la que decidió no salir del mar
en la orilla de sus dieciséis
Todas las mañanas
en su nombre
la isla jadea
Malagua
La nombraron Malagua
con menos de quince años cruzó el río
de la mano de payasos equilibristas
y un par de animales
que no se conocían por estas riberas
El mes en que llegó la inundación
el circo desató su carpa
elevó las anclas
y zarpó
A la deriva
quedaron unas aves
de patas grandes y torpes
y Malagua
con sus cabellos y muslos color de palmera seca
Cambió la disciplina del equilibrio
para huellas de danzón
y vasos con cerveza
Dócil de piel
casi transparente
encendíase con la luna
Dicen que en cada caricia
te anclaba su tristeza
que el mundo se tornaba agua amarga
al tocar su piel
que el ardor volvía por los labios
si la nombrabas
Dicen que por las madrugadas
salía a iluminar el camino de la floración
que las olas se movían dentro de su cuerpo
y en sus labios había tanta sal
como en un trago de mar
Dicen que no llegó a los veinte
un eclipse de luna
hizo arena de su nombre
cuando velaba el nacimiento
de una aurora
Dicen que Malagua vive
río arriba
junto al platanar
y qué aún arrulla sus aves
de patas grandes y torpes
con boleros de Toña la Negra
Dicen que la tristeza de estos hombres
es solo cuento
que nunca llegó un circo a la isla
y no hubo tal adolescente de piel blanca
que les acariciara la entrepierna
que todo esto es por tanta sal acumulada
en el cuerpo
y hoy les estalla como marea de tormenta
en el acantilado de los ojos
Y andan
A los doce ya son mujeres
a los treinta casi ancianas a las que tal vez
más dos maridos e hijos
olvidaron
La vida entre el agua y el pastoso bochorno
entre cervezas calientes y amargas
como el sudor de un cuerpo encurtido en sol
El escuchar boleros más viejos
que el primer anciano de la isla
el bailar al compás de la lenta marea lunar
y un rayado disco de danzón
agarradas a una cintura imposible de abarcar
Calor
sudor algo pegado a los cuerpos
quizás la mala
estrella de haber nacido aquí
quizás
La memoria oxidada no reconoce
a la vida hecha sobre una cama de cartones de cervezas
y tristezas sexuales
Separadas del amor y la moral
solo por una cortina sucia como el tiempo
que escurre con el sudor
y el semen por sus piernas
La luna ha brillado siempre a tanta distancia de sus
ojos
que el peso de las noches es un costal de sal
sobre sus corazones
Se levantan
lavan el sexo bajan la falda
y andan
Primer barco
a mi madre
Mi primer barco fue
una carta por ambos lados mal escrita
En la popa contaba a mi padre
que ya sabía bucear
tenía un par de aletas de ranas color turquesa
y estar bajo agua
es como nadar en el vientre de mi madre
que sentía sus palabras frágiles
envueltas en la espuma que se hace nada
al atravesar la resaca
En la proa
escribía a mi madre
daba gracias por los nueve meses
pegado a su corazón
por elegir las orillas del mar para vivir
por su coraje y sus ojos inundados
en temporada de lluvias
por los ríos de nubes con sus andantes faunas
y el café negro de todos los días
Daba gracias por mis hermanos
y su paciencia
también por lo dulce de sus manos
si nuestros ojos se desbordaban en sal
por mostrarnos que el abracadabra
está en la lengua
aun
cuando se vive con el agua al cuello
Aprendí
de sus labios mi nombre
Bailé
Poco antes de esto
volví a la isla
y frente a mi madre con un par de cafés
reconocimos rostros que el abandono y la humedad
raspaban para volverlos olvido
el eco del nombre de mi padre
se
repetía
de vez en vez
como el dialogo entre las lechuzas
los hechizos y nuestros viejos miedos
hablamos de las lagunas qué se secaron
de los remos y los cayucos
como animales varados en el tiempo
muriendo bajo el sol
en
silencio
hablamos de cómo las corrientes de los aguaceros
se llevaron los destinos y las cruces del panteón
de cómo a machete limpio desbrozamos
las fronteras de la primavera
y del tanto camino hecho a pesar de la tristeza
de cuando los ladridos de los perros
y las
luciérnagas pertenecían a todos
de cuando los manatíes o las sirenas
llegaban por las orillas de la noche
a cantar mientras las mujeres dormían
y los hombres eyaculaban sobre las caracolas
de cuando el circo de los húngaros
cruzo el rio para hacer malabares
sobre las ramas de los árboles y parecían
por sus ojos azules
ángeles cayendo sobre la isla
Al final del café pusimos el silencio en la mesa
lo repartimos a partes iguales
y como hace el mar durante la marea baja
ella guardo sus estrellas
y fue a dormir
Más tarde con ojos cerrados
metí las manos al espejo
recogí los escombros de mi infancia
y en medio de ese desastre
bailé

