martes, 4 de febrero de 2014

Nuevas voces en la poesía salvadoreña en el último decenio

¿Qué decir de la poesía escrita por mujeres en El Salvador?, mejor dicho ¿qué decir de la poesía escrita por mujeres en el último decenio en El Salvador? Vladimir Amaya en su antología de poesía joven Una madrugada del siglo XXI (febrero, 2010) hace una acotación muy acertada a esta interrogante: se debe aclarar y poner en relieve que esta es de las primeras generaciones literarias en donde las voces femeninas se han destacado en gran manera, a tal grado de ser precisamente mujeres las primeras en descollar en los albores de este grupo. En  febrero de 2008, fundamos con Carlos Flores Editorial EquiZZero, el proyecto nacía bajo la necesidad de abrir espacios a las nuevas voces del área centroamericana, poetas que en aquellos momentos estaban llevando a cabo trabajos interesantes y que, sin embargo, no habían visto la luz. Es así como fueron apareciendo en nuestra lista nombres como: Alberto López Serrano, Jesús Gabriel Alvarado, Roger Guzmán, Vladimir Amaya entre otros poetas que formarían el grupo de avanzada de la nueva poesía salvadoreña. Como dato curioso, hacia 2011 no habíamos publicado a ninguna mujer, pese a que sabíamos de sobra de la calidad de muchas de ellas, es así como nació el I Certamen de Poesía Ipso Facto 2011, el cual puso en evidencia lo que Vladimir ya afirmaba en su antología: esta es de las primeras generaciones literarias en donde las voces femeninas se han destacado en gran manera.

Durante años la poesía escrita por mujeres —evitaré hacer uso del término “poesía femenina” puesto que ello hace referencia a una cuestión biológica y de género que poco interesan en este punto— estuvo relegada más bien al plano marginal, dado que las condiciones sociales y culturales de aquellos tiempos (1900-1970) no lo permitieron, con algunas claras excepciones (Claudia Lars, Matilde Elena López, Claribel Alegría entre otras). La guerra civil, y su previo, permitió a muchas mujeres alzarse y utilizar la poesía como arma e instrumento para concientización de las masas, algunas de las cuales ofrendaron sus vidas por la causa revolucionaria (Amada Libertad, Lil Milagro Ramírez, Delfina Góchez Fernández).

A mí me van a matar
¿Cuándo? No sé…

Lo que si tengo claro es que moriré así,
asesinada por el enemigo.

(Fragmento del poema “Con gusto moriré”, Delfina Góchez Fernández).


La generación de posguerra (o nueva poesía salvadoreña), es decir, aquellas jóvenes cuyos textos empiezan a producirse alrededor de 1992 o que nacieron dentro del periodo del conflicto, son las mismas poetas que tuvieron la guerra como patio trasero, pero que, a pesar de ello, no será el tema central de sus obras, por vez primera, en mucho tiempo, se empieza a tomar consciencia de la situación literaria en el país. El uso monopólico del verso libre, la proliferación de talleres literarios, la ruptura ideológica entre literatura y política y la diversificación de las distintas voces poéticas son algunas de las características que van a definir a esta generación y que, así mismo, servirán de punto de partida a las generaciones subsecuentes. Susana Reyes (1971), Roxana Méndez (1978), Krisma Mancía (1980), Lauri García Dueñas (1980), Claudia Meyer (1980), Laura Zavaleta (1982), Elena Salamanca (1982), Rebeca Henríquez (1982) serán punta de lanza de la denominada nueva poesía salvadoreña, que para entonces ya empieza a tomar forma. Cada una con una voz nueva y fuerte, con un estilo fresco y vigoroso. Carmen González Huguet en su artículo Poesía Salvadoreña Contemporánea afirma: Tras la firma de los acuerdos de paz, El Salvador entró en una etapa de crecimiento económico que se vio frenada posteriormente por la recesión. Esta etapa trajo una revitalización de la actividad cultural, pero el país aún arrastra un rezago enorme debido a múltiples causas, tanto económicas como políticas y sociales, que sería largo enumerar. El nuevo clima, sin embargo, ha permitido que surjan producciones más libres y voces nuevas. Si en los 70 y 80´s los colectivos se definían por una voz compacta, unificada, y, según la tesis de Vladimir Amaya, donde lo monolítico y lo uniforme llegaron a ser invariables en las formas de manifestarse de esta generación. Es a partir de los 90´s donde la tendencia a la diversificación, a modo de un caleidoscopio, se hace palpable. Atrás ha quedado el poema comprometido con la causa revolucionaria. El existencialismo, las propias luchas internas, el posicionamiento de la mujer en la palestra social, son parte de lo que este grupo de jóvenes representa.

Entro y salgo por las mismas paredes
mi pie es el sabio
mi espíritu retorna al singular origen
y trato de leer la historia
en la infinita biblioteca de sangre
donde voy, regreso, voy, regreso.
Ariadna de pie e impaciente
sigue mi viaje
el Minotauro ahora es sólo un sueño.

(Fragmento del poema “Chartres”, Susana Reyes).

Carmen González Huguet explica este fenómeno de la siguiente manera: Quizá uno de los hechos más significativos de los últimos años ha sido la exploración de diversas identidades, lo que está contribuyendo a enriquecer el imaginario colectivo. Una de las manifestaciones de esto es el trabajo de un grupo creciente de escritoras que han comenzado a crear espacios propios y a definir una obra personal de mayor exigencia sin recurrir necesariamente a las instancias tradicionales, en su mayoría dominadas y dirigidas por los escritores, y sin supeditarse tampoco a unos cánones definidos también mayoritariamente por los hombres. Pero ningún proceso es estático, para Heráclito todo fluye, nada permanece. De igual manera, las generaciones literarias constituyen una constante, a veces con periodos de remisión pero que, invariablemente, tienden a seguir su curso. Las características de esta nueva generación de escritoras serán las mismas que definieron a las poetas de los 90´s. Pero si en 1992 los espacios para la divulgación y promoción literaria empiezan a tomar forma, en la década del 2000 se consolidarán y aparecerán otros que con el tiempo constituirán bastiones y referentes de la poesía salvadoreña: Los Tacos de Paco. Talleres literarios como Serpientemplumada, la Rosa Negra, La Casa del Escritor, el Perro Muerto  encontrarán el “Los Tacos” una casa a la cual asirse y cada grupo aportará al panorama literario gérmenes de una nueva era: Francisca Alfaro (1984), Ligia Molina (1985), Miroslava Rosales (1985),  Alondra Umanzor (1985), Kenia López (1987),  Karen Méndez (1987), Nathaly Castillo (1988), Katheryn Rivera Mundo (1989), Miriam García (1991).


Me conecto a las caderas del silencio
y siento correr tus dedos
por los poros abyectos de mi cuerpo
erosionado por tu ausencia

Kenia López


Pero los talleres literarios no serán los únicos en regar sus semillas, existirán casos aislados que harán tambalear, en su momento, el ámbito literario nacional: Johanna Raabe (1989), que no se adscribe a ningún grupo,  ganará en 2007 el prestigioso premio Letras Nuevas promovido por La Prensa Gráfica. En 2008 será publicada por la estatal Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) con su libro: Entre una y tres de la madrugada. Será Raabe, con tan sólo 18 años, la primera de esta nueva generación en publicar un libro. Le seguirá Katheryn Rivera Mundo con Muñeca rota (2012). Pero no es la edad cronológica lo que define a este grupo, sino la fecha de irrupción en la literatura nacional lo que marca el punto de inflexión entre una generación y otra. Casos concretos: Ligia Molina (mención honorífica del certamen Letras Nuevas, 2009), Rebeca Heríquez, tres veces ganadora de los Juegos Florales a nivel nacional en la rama de poesía, y Abigail Reyes (1984), que en 2012 ganará el Segundo Certamen de Poesía Ipso facto y publicará su libro Sin coro, tanto Rebeca como Abigail no pertenecen a un taller o círculo literario. Ambas forman parte de esas jóvenes cuyo trabajo silencioso toma fuerza desde las estanterías de la propia habitación, lejos de los cafés o los auto llamados grupos underground, tan de moda en estos días. Sería irresponsable de mi parte afirmar que los premios literarios definen el trabajo y la calidad de un escritor como tal ¿Cuántas de estas mujeres pasarán a los anales de la historia de la literatura nacional?, aún es prematuro decirlo, pero creo que con una de ellas ya habremos ganado suficiente.


Omar A. Chávez
Editor Editorial EquiZZero





Selección poética





Rebeca Henríquez 



Zona Abisal

Temo tanto al océano,
al foso oscuro en el que los tiburones y las orcas
sepultan sus cadáveres,
que mi cuerpo sin vida terminará ahí;
junto a las Arañas de Mar,
bajo una Esponja vítrea que los buceadores 
verán como un baúl que no se sumerge,
y que se ilumina a ratos por los moluscos
que dilatan sus poros refulgentes sobre él.

Ahí, en esa profundidad,
sé que nadie erigirá una lápida en algún lenguaje humano.
Nadie reconocerá mi osamenta
combinada con la tierra, las orugas y la hierba.
Tampoco dejarán ramas de ciprés ni dulces de leche
ni siquiera una letanía
sobre las piedras de un sepulcro
en el día de los muertos.
El océano y sus aguas distantes,
aquellas que no son dignas de conocer ni de imaginar,
me sostendrán.

Porque sólo ahora
-con este brío apenas concebido
para entender sobre las ciencias, la historia y la guerra-
es que obtengo el aliento del polvo
y el licor del aguacero para sobrevivir.


 Fosas clandestinas

El arqueólogo cuelga de una polea
hacia el centro de una ruina sombría.
Su vocación por explorar
lo ha llevado hasta un espectáculo siniestro
que ni el cine ni el narcótico más potente
podrían concederle en esa noche
que en lugar de estrellas
tiene luces de linternas.

El arqueólogo desciende
mientras la tierra armoniza 
la melodía que antecede a las tragedias.
Sus notas estallan en piedras rojizas
que llevan impresas las quimeras de un país futuro.

La primera lluvia del invierno
descubrió las caderas de una mujer,
que en verdad era una niña,
que empalmaba sus pasos imprecisos
con los zapatos de tacón de gamuza
que ahora su padre identifica
y aún mira con desdén.
Junto a ella,
dos cráneos se disputan la edad que perdieron
y los pensamientos
-cada vez menos humanos-
se les desprenden en gajos de piel.

Una fiscal camina alrededor de la cuenca,
se asoma 
y tan solo mira una pila de papeles terrosos
que le despojarán el sueño.

El arqueólogo aún no advierte 
su descenso hacia el inframundo; 
él sabe de pinturas rupestres en cuevas,
sabe del problema del Marihua rojo
sabe de la profundidad de un grieta de polillas 
en un libro proscrito.
Ahora sabe de la barbarie:
descubre el presente de un país
gobernado por la locura ominosa de la muerte.





Ligia Molina




EscriBrando 


                           A Manuel, Vladimir y Otoniel

Hay un lugar ominoso 
           para nosotros 
los que esperamos el bus 
al otro lado del océano. 
Hay un dios de humo 
que no nos genera dudas 
una diosa arrebatada 
que sale en puntillas 
a cualquier hora 
por la salida de emergencia. 
Los trampolines nos permiten 
giros saturnales 
           terminados en rima 
golpes sin cicatrices 
llagas azules en páginas amarillas 
           deslizarnos en paisajes ciclópeos 
escuchar nuestras vibraciones 
          en las aletas del tiempo...



En tus ojos


Divino amor mío                   me dispongo 
a dividir tu cerebro en sus dos hemisferios. 
Sembraré una rosa negra en el centro 
y en cada uno de tus ojos 
incrustaré mi dolor 
representado por dos patas 
de la que fue nuestra cama. 

Mientras la sopa esta lista 
cantaré tu canción favorita 
a tu oreja                   en mi mano 
y me acompañaras 
con tus gritos de agonía: 

¡Hasta que la muerte nos separe! 




Miriam García 



Cuando te olvide

El día que te olvide,
el día que abandone a la suerte a tu recuerdo,
a tu dañino veneno;
que incrustado me embriaga
y me obliga a escribirte,
en cada papel que encuentro,
ese día está muy lejos.

El día que mi poesía
no esté minada de tu nombre,
que mi pensamiento no este lleno de tu esencia,
que mi sonrisa no se nuble ante tu vista,
que mi inspiración no sean las huellas de tus labios,
ese día yo lo espero.

El día que ya no te extrañe,
el día que ya no te ame,
sólo Dios sabe donde está, cuando viene,
y yo sólo se que no va a ser mañana.




Kenia López



Sin título alguno


                         Buscando estoy 
                         el silencio más dulce de tu lengua
                                                                   Silvia Elena Regalado 



Tu mirada se perdió en la cerradura de la atmósfera, 
carbonizando el más leve parpadeo. 
Me conecto a las caderas del silencio 
y siento correr tus dedos 
por los poros abyectos de mi cuerpo. 
Erosionada por tu ausencia, 
abro los ojos y desapareces, 
cierro los ojos y me soplas las entrañas. 
Esparces tu neblina piel 
en la volcánica superficie de mis vértebras.




Johana Raabe



El pájaro negro


Un día vi un pájaro negro sobre la cabeza de mi padre.
De cuando en cuando
se comía uno de sus cabellos grises o picoteaba sus anteojos.
Lo curioso es que mi padre 
no se daba cuenta que tenía un gigante pájaro negro
hurgando en sus orejas y observando su nariz.
Al pájaro parecía agradarle mi padre
porque no le hacía daño
y tampoco insinuaba querer largarse.
Con ese pájaro parado sobre su cabeza
mi padre comió, durmió, trabajó, se duchó
por casi una semana.
Un domingo el pájaro decidió que era tiempo de volar,
y sin qué ni para qué
mi padre sonrió.



Katheryn Rivera Mundo




Cabello de agua

Mi abuela lleva los ojos medio vivos,
tiene rosas sembradas en las manos,
en ella las hormigas curan cicatrices.

Su cabello de agua ocultó las cartas en el tiempo.

Ella guardó el llanto con los brazos de su rostro,
ahí sus caricias enfrentaron los lamentos.

Mi abuela
olvidó la cantidad de barcos en el mar de sus caderas,
los rayos ahorcados con sus piernas
así aprendió a enlazar su vientre con la luna.

Ella lleva la esperanza anclada
en su corazón de sueños.

Mi abuela se olvidará de mí,
se olvidará de todo.


Balada a la tristeza


Yo sé los sueños
que tuvo una cucaracha
sobre mi mano.

De lumbrales que abrazaron el silencio de las calles.

Mis ojos saben de claveles
que murieron en el primer suspiro.

Sí,
mis brazos también conocieron nudos
en la espalda de la sonrisa más seria.

Y me contagió la sombra que nos deja el frío.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Alfil Editores, una forma diferente de hacer libros.

Alfil Editores es un sello de Editorial EquiZZero encargado de la publicación de libros a bajo costo. Cada libro que se publica financia el proyecto EquiZZero. Consulta nuestros precios en: https://www.facebook.com/Equizzero



miércoles, 23 de octubre de 2013

Resultado del Tercer Certamen de Poesía Ipso Facto 2013

El jurado conformado por: Mario Noel Rodríguez, Elena Salamanca y Vladimir Amaya, habiendo revisado cada una de las plicas finalistas declara DESIERTO el Primer Lugar de Tercer Certamen de Poesía Ipso Facto 2013, por la razón siguiente:

“No hay creación de universo poético propio en ninguno de los textos. Esta falencia consigue que ninguno de los trabajos presentados pueda derivar en un libro, en una unidad articulada”

 Sin embargo, el jurado decide otorgar dos menciones honoríficas a las obras: HIERRO  Y ABRIL, cuyo seudónimo fue Kastroviev, que al abrir la plica resultó ser el salvadoreño Alberto Quiñónez y a TEMPESTADNAYADE, cuyo seudónimo fue Dante Milán que al abrir la plica resultó ser el salvadoreño Ernesto Bautista.


Ambas obras serán publicadas por Editorial Equizzero en un lapso no mayor de 10 meses a partir de la publicación de éstos resultados.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Finalistas del Tercer Certamen de Poesía “Ipso facto” 2013


Publicamos la lista de las obras y seudónimos de los seleccionados para la etapa final del Tercer Certamen  de  Poesía  “Ipso faccto  2013". Sobre ellos  el jurado elegirá  un ganador. Aunque en  las bases se hacía mención de 10 finalistas la calidad de las obras nos hizo modificar la lista a 13 personas.


domingo, 19 de mayo de 2013

Landsmoder - artículo de Lauri García Dueñas para el "Periódico de poesía".





Artículo de Lauri García Dueñas sobre "Landsmoder", publicado en el "Periódico de poesía" de México, Nª 58 en abril de 2013.



Elena Salamanca (El Salvador, 1982) es de las voces poéticas más perturbadoras de la contemporaneidad centroamericana. 


Luego de sus sugerentes Peces en la boca donde el Facebook y una reescrita Sor Juana, aguijonean dulcemente la yugular del lector, crece en mancha, hacia lo oscuro y lo terrible, como helecho acuático y nocturno en Landsmoder (Editorial Equizzero, 2012), publicación consecuencia de haber obtenido el primer lugar en el 1er Concurso Ipso Facto de dicha editorial.

La primera parte del libro Colegio de señoritas españolas venidas a menos habla-canta-denota lo no dicho por toda una clase social desvencijada, educada (adiestrada emocionalmente) en colegios religiosos donde el patetismo crece en capilla ardiente. 

La ausencia del padre, dibujada en transparencia por una voz niña víctima que no pretende victimizarse, se reproduce en la conversación con una tiesa maestra de primaria, dando origen, a mi juicio, al poema más contundente del libro y a uno cuya completud brilla (como un vidrio roto en tierra negra) entre otros muchos poemas rebuscados de su generación y ubicación geográfica.


¿Entonces no voy a volver a ver a mi papá?
La señorita no supo qué responder

En la segunda parte: Galería de los héroes, pincha, la desgarradura se abre en el poemaLas niñas se levantan la falda y paren:

Las niñas se levantan la falda y paren. 
Paren. 
Paren niños delgados como ellas.
Apenas aprenden a caminar, los niños se caen.
Apenas hincan el diente en el pan, los dientes se caen.
El pan es muy duro, 
los dientes son débiles, 
los dientes son de leche, como dicen las abuelas.

Y luego, como si el poema metiera el dedo en la cerilla del trauma social:

Los niños van creciendo.
No son débiles como las madres.
Siguen encontrando en el camino a las vacas y los caballos, 
encuentran los vehículos, rompen los cristales;
encuentran las casonas, rompen las rejas.


Y los niños, 
con sus dientes astillados, 
con sus dientes malcrecidos, 
con sus dientes podridos, 
van mordiendo lo que encuentran en el camino.



Y muerden, 
sobre todo, 
la mano que los alimenta.



Los niños muerden
incluso
la yugular de esa niña 
que es su madre.

Más adelante, en el poema Muchacho, amor perteneciente a El cuerpo de la nación la maldición de la patria terrible, exagerada e histérica, es llevada a sus últimas consecuencias, abre fauces:

Camina, 
muchacho, 
yo soy tu amor, 
arrástrate con las manos y las rodillas, 
sángrate las manos, 
sángrate las rodillas, 
mancha la tierra.


Yo soy tu patria, 
muchacho, 
y te condeno a este único amor.

La patria es en los dedos de esta escritora, todo menos lo cursilo restringido de los fetiches folclóricos que en El Salvador aún no se han derrumbado.


Pero la patria, esa cosa indefinible, con la que nos tortura la voz poética, no es sólo la salvadoreña, es cualquier patria que aun teniendo ese nombre mayestático no es país ni mucho menos. 



En algunos momentos el lector podrá preguntarse ¿Es tan grande el martirio? ¿No es exagerado lo horrible?



Y sí, lo horrible se repite, crece:


Qué criatura horrible debí ser. 
Nunca tuve un espejo para constatarme, 
pero sentí la maldad de las dentelladas de mis hijos
                                          /en mis múltiples pezones.

Madre horrible. Hijos que devoran a la madre. Rotos quedan los arquetipos. 


El libro de Elena Salamanca me recordó El asco de Horacio Castellanos Moya. Libros donde el ojo de lo simbólico se abre para poner el dedo sobre la llaga nacional y recordarnos nuestro patetismo autoinfringido. 



Cierto halo de tragedia grandilocuente también me trajo a la mente a César Vallejo. 



Pero Elena es muy Elena. Ella, la autonombrada “Reina de la Independencia”, escritora, historiadora, artista visual, performer,  promotora cultural que organiza una feria de arte llamada FEA, brilla (como vidrio roto en tierra negra) con sus dos libros de poemas y los que vienen. 



Anómala, escritura de lo anormal (de ese tipo particular de anormalidad que pare belleza), atípica escritora centroamericana. Hay que leerla, como un mantra.


martes, 26 de marzo de 2013

Lirios en los viejos poemas, Mario Noel Rodríguez, Editorial EquiZZero, 2013.






Cuando un hombre decide recordar a una mujer, la imagen se vuelve espejismo, cuando un hombre decide cantarle a una mujer, la palabra se vuelve poesía; es decir, eterna. Así Mario Noel Rodríguez nos regala sus Lirios en los viejos poemas, una serie de 56 cantos escritos desde lo más profundo del alma, cantos que dejan su huella imborrable en el papel que los encierra y al mismo tiempo los libera, cantos con los que uno se siente identificado más allá de toda circunstancia. Si hay algo que defina la poesía de Mario, eso es la sencillez con que la palabra toma vida y, como pieza de rompecabezas, ocupa el lugar exacto, preciso:


Yo ya te soñaba desde antes de soñar en serio...



Omar A. Chávez



Selección poética




Chayo Mejía saca la mano para ver si llueve


Gracias por la sencillez y los ojos,
por la mirada que cambió el cauce de la vida.
Beso tu rostro helado en la distancia,
pero tus ojos, faros lunáticos que no cesan.

Gracias por tu mano en mi pecho desarmado,
por el plato rebalsado de pétalos y cuentos.
Yo saqué de vos la manera miope de entender las cosas,
abuela amada, por encima de mares y rabietas.





Rubidia, la ciega

En silencio te explico el color de las cosas idas,
cosas que si vuelven, volverán descoloridas.
Te cuento de la hamaca en el cielo,
para que despacio pronuncies sus siete tendones.
Así es la luna de los amantes,
las amorosas mejillas rosadas,
el verde genésico de los aguacates.
Rubidia, hermana de la alegría,
con un estilete partiré la noche para traerte la luz.



Amada Libertad, mártir

Ametrallaba el odio con la máquina de escribir canarios,
ella, la poeta de ojos abiertos para no perder el horizonte,
ella, que anduvo su corazón envuelto en un paño azul.

Ahora su voz ronda como buscando algo,
quizás el verso sobre la fatiga de conquistar la primavera,
quizás el pálido beso que jamás llegó al frente de guerra.





María Félix duerme con fondo de violines

Nada más una bocanada del puro, chiquita,
nada más un chupete para ver desplomarse la tarde.

Yo ya te soñaba desde antes de soñar en serio,
nada más levantabas una ceja y yo moría, moría.
Mirabas hechizando a los actores,
pero era a mí a quien mirabas.
Que otros hablen de la Monroe y la gula de galanes,
que ansíen el último trago derramado de la Hayworth;
que unos entre vino y vino aclamen a la Bardot,
que otros a la Bisset mojen de versos íntimos.
Yo nada más suplico una bocanada,
tu aliento de diosa embriagado, chiquita. 



Benazir, Benazir

Hay dolores que regresan con baba y pelos,
alzan su espada y vociferan lenguas turbias, regresan.
Aparecen cuando sopla un viento dañado del norte,
cuando una puerta esparce historias del desamor,
cuando el cáncer llega a desordenar la casa,
cuando la tinta nada más sirve para el olvido.

Del dolor que quiero hablar, jamás se marchó.




Febe, compañera mártir

Cantaré hondo agarrada de las piedras.
Cantos viejos sobre la piel borrada de repente,
gemidos que suban hasta romper el cielo,
la historia de los míos, tiernamente míos.

Aquí el amor se desgranó en suave aliento
y en el pecho la primavera agitó sus banderas.
Aquí los besos se repartían a ojos cerrados,
el forastero volvía por los suyos, por los suyos.

La risa de ayer hoy es polvo,
el abrazo de ayer es viento,
la luna de ayer es nube,
la sombra de árbol es calcinante abandono.

Hoy se agolpan las lágrimas contra el humo de las casas
y nadie trae la ternura para sanar la herida,
para desviar la noche que trajo desconsuelo,
la espada sobre el corazón de los inocentes.

Pero juro no ceder un espacio al desaliento,
juro nacer con los míos entre las ruinas,
juntar los corazones para pintarlos de alba.
Juro cantar agarrada de las piedras.




Lucía, la gitana perdida en Medellín

Leer una mano es leer una sombra.
Entrar a una sombra es entrar a un abismo.
Enfrentar un abismo es enfrentar un espejo.
Palpar un espejo es palpar tu mano.





Mario Noel Rodríguez



Poeta, escritor, periodista cultural, publicista, gestor cultural salvadoreño. Nace a la vida literaria conformando el grupo literario “El papo, cosa poética”.

Ha incursionado en el performance poético. En 2008 montó un homenaje multimedia a Frida Kahlo con la artista visual Alexia Miranda. Encargado de Cine Club, en Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes. Presidente del Foro de Escritores de El Salvador. Fundador de grupo literario “Tareya”, de la Casa de Juan Caminos, así como de la Cofradía de San Simón. Editó el CD: “Jorge Galán, en otras voces”.

Publicaciones: Breve breve que la vida es breve, Ruiseñoras del Edén, Agítese antes de leer, La costilla, Por aquí pasaba un río, Hambre de vivir, Epitalamio, Este andar sobre las aguas, Foto movida, Sonectud, Epitalamio, Estado Vallejo, Irakundia, Rumor del rocío, Brasil poemas para cantar un país y un CD conteniendo su libro “Yo quiero ser frijol mágico” (leído por niños).